Cuando tuve a mi segundo hijo y veía que mi cuerpo no regresaba a su forma habitual como cuando tuve a mi primera hija, me traumé.

 

A los dos meses, me puse a correr. No tenía tiempo para ir al gimnasio y como Salvador me levantaba a las 5am, no tenía mucho sentido volver a acostarme porque luego tenía que despertar a Fabiana, mi hija mayor, para el colegio. Empecé a disciplinarme cada vez más, corriendo no solo una vuelta al Pentagonito, a veces, ya le daba dos. Empecé a hacer otros ejercicios para fortalecer el cuerpo después de correr. Y así, poco a poco, comencé una rutina diaria. Mi esposo se asombraba y también se molestaba cuando salía temprano de la cama, incluyendo los domingos.
En ese entonces, no era #MoraLopez, sino trabajaba en una empresa de telecomunicaciones. Para el que no lo sepa, estudié ingeniería de las Telecomunicaciones en la PUCP. Cuando les contaba a mis compañeros de trabajo lo que hacía, todos empezaban con las excusas de que ellos no tenían tiempo para hacer ejercicio. Siempre había una buena razón para no moverse. Hacer ejercicio era mi prioridad, buscar que hacer al día siguiente, se volvió mi tarea diaria. Cada vez que podía buscaba algún entrenamiento interesante para hacer al día siguiente. Buscaba información acerca de propuestas de entrenamientos. Definitivamente, mi trabajo no era lo que me llenaba, ni atrapaba mi atención. Fuera de que me gustaba lo que hacía y era bastante enriquecedor trabajar con personas de otros países, no me sentía satisfecha con lo que hacía en el trabajo. Además, tenía un bebé que necesitaba más de mi tiempo y mi atención, que estar ahí sentada frente a la computadora.
Buscando con mi esposo que hacer cerca a la casa, vino un día y me hablo de KO. La enamorada de un amigo de su  trabajo hacía KO. Después que me lo dijo, me puse a investigar. Entré a la página y la revise toda. Todos los trainers, dónde estaban las sedes, etc. Y llegué a la parte que decía:”¿quieres ser ko trainer?” con el correo de Ale Llosa. Le escribí, no tenía nada que perder. Me respondió. ¿Mi cv? ¡¡Yo era ingeniera!!

 

MorayAle

 

Le respondí con mi rutina diaria, incluyendo números, todo para que, por favor, viera que era buena y chancona. Me mandó a probar una clase con ella. Me organicé para ir a su clase el siguiente miércoles. Fui y me encantó. En la clase hizo varios ejercicios que yo hacía diariamente y me reventó los brazos con los 80 golpes que pidió (y pensar que ahora pido 100) pero lo que más me gustó fue el chorreo.

 

Terminar la clase y darte ese tiempito para soltar, respirar, sentir, no lo cambio por nada. Me fascinó el cierre que hizo y el olor del incienso fue TODO. Me quedé maravillada.

 

Al final de la clase me acerqué a ella. Ale era muy diferente a cualquiera de las personas que yo conocía o me rodeaba. Ahí estaba esta chica regia, cabello negro con rulos, que miraba con sus ojazos verdes emocionadasa y era la primera vez que me conocía. ¡No lo creía! ¿Por qué me hablaba como si fuéramos amigas de la vida, por qué me hablaba tan emocionada?. Hablamos como una hora más o menos. Quedamos en que me podía a entrenar y desde ese día, soltamos la idea de que podía haber un local. Llegué a mi casa feliz. No lo podía creer, le conté a todo el mundo. Y empecé a entrenar full.

 

Mi trabajo empezó a tomar menos y menos importancia. Quería ser KO trainer. El día que me convencí aún más y, sinceramente, pensé que el universo había conspirado para que me decidiera a dejar todo, fue cuando me gané un viaje detox. Había un evento, al cual llegué tarde. Estaba a punto de no ir pero mi esposo me convenció para que de todas maneras fuera. Fui, y al final sortearon un viaje, fue uno de los mejores viajes que he podido hacer. La pasé demasiado bien y me convencí de que esto era lo que quería hacer toda mi vida.

 

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Para setiembre, renuncié a mi trabajo, 5 meses después que empecé a entrenar. Mi primera clase fue un viernes 1:15 en Casuarinas. Fue lo máximo. A las pocas semanas, empezamos con KO90.

 

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Estaba feliz a más no poder, estaba trabajando en deporte, lo que siempre me había encantado y apasionado. Obviamente, tenía mis detractores. Mis papás, al principio no lo entendían. Creo que nadie, ni yo. En ese momento, no me quedé a analizar, ni a darle vuelta a las cosas. No me puse a pensar en el que dirán. No me puse las expectativas de nadie ni pensé como “deberían” ser las cosas. En ese momento, elegí. Elegí ser yo misma, elegí lo que hacía mejor.

 

Decidí que hacer con mi vida. Aunque era un cambio grande, no busqué excusas para no cambiar o lo que podría salir “mal”. Todo el tiempo en mi mente sabía, estaba segura, que todo me iba a ir bien. Porque de alguna manera u otra para mí no había vuelta atrás esto era lo que YO quería. Y ahora, más consciente, sé que siempre todo me va a ir bien porque simplemente no paro tan solo decido siempre hacer algo más.

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Ese año se pasó rápido, siguiente año estaba ya en la mira de buscar local. Mi esposo y yo estábamos recontra metidos. Él me apoyaba bastante porque me veía feliz. Y yo, empecé a querer mejorar cada vez más como persona. Me encantaba ir a mis clases y salía energizada. Sin embargo, cada vez que llegaba a la casa, había siempre algún problema. Ese año, 2014, no llegamos a encontrar ningún local. Pensé que no había terminado bien mi año.  En ese entonces, fuera de que me sentía contenta con lo que hacía. Todavía no interiorizaba que todo lo que me pasaba dependía absolutamente de mí. Que no valía solo estar satisfecha con la Morayma trainer, también tenía que ser congruente con lo que hacía en casa. Todavía no me hacía consciente de toda la responsabilidad que acarrea el simple hecho de estar vivos. Por lo tanto, no valoraba todo lo que tenía ni lo que podía llegar a ser. Aunque aún con mucho camino por recorrer, en algún momento pensé que tal vez si no llegaba aún el local era porque no estaba preparada.

 

Siguiente año, febrero, nos llama la mamá de mi esposo a contarnos de un local que vió cerca de la casa. Lo vimos y dijimos este es. El resto es historia.

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El primero de junio del 2015, abrimos el local de San Borja. Fue demasiado emocionante el primer día. Y ni qué decir las siguientes semanas y meses. Miles de situaciones, amanecidas, insonmio , un mar de emociones. Y así seguimos, dándolo todo. No definiendo bueno ni malo sino dando lo mejor siempre. Y yo también.

Recapitular todo este proceso, todos estos dos años, es ver mi evolución como persona también. Es empezar a ser cada vez más congruente en todas las áreas de mi vida y ahí vamos. Es estar satisfecha con todo lo que hago. Es quererme cada día más y ser más compasiva cuando siento que no he actuado bien o no me siento bien.  Es decidir actuar y dar mi mejor esfuerzo día a día. Es dar, dar, dar y entregar un poco más a todos los que me rodean. Es seguir poniendo metas y retos para seguir sacando mi mejor versión.

Y mi evolución pasó de ser meramente física a realmente querer cambiar adentro porque lo de afuera viene con el proceso.

Una amiga me preguntó, si no me arrepentía de haber estudiado en la universidad y si quisiera cambiar algo de antes. Le respondí que NOOOOO. Absolutamente, todo lo que ha pasado por mi vida tuvo que pasar. Agradezco infinitamente haber estudiado algo que no me gustaba para saber cual es mi verdadera pasión. Me alegro haber trabajado con gente que no me sumaba para saber ahora a quienes quiero a mi alrededor. Me gusta haber sido una super renegona y hacerme de problemas sola para saber que es lo que no quiero en mi vida. Pero lo que más me alegra de mi vida es que nunca paré, de alguna manera u otra siempre sigo. Ahora adaptándome mejor y sirviendo al resto pero siempre decidiendo, siempre en acción. Ahora mostrando lo que en verdad quiero ser, segura de mi misma y satisfecha con lo que hago. Feliz porque decidí ser feliz. Feliz porque sé que nadie más que yo tiene ese poder.

 

KO siempre será ese punto de inflexión en mi vida, donde hay una Morayma y luego una Mora Lopez. Nunca por miedo decidas no hacer algo, no sabes que oportunidad puedes perder.

 

Gracias Ale por abrirme el panorama.

Gracias a todos por darme la oportunidad de entrar a sus vidas.

 

—Mora

 

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